Prueba de vida
Algunas notas desde Can Serrat #1
Creo que me pasé la vida arriba de un bondi. O bus, como dicen acá. Me subía al 71 a tres cuadras de mi casa, bajaba en Los Incas y Triunvirato, tomaba la línea B hasta Carlos Pellegrini y combinaba con la D hasta Catedral. Uno de mis grandes orgullosos a nivel personal fue haber conseguido el Subtepass. Pedí mi certificado de alumna regular, lo presenté en la ventanilla del subte y ahí estaba mi tesorito: un boleto estudiantil para ir a la escuela. Mi papá también me había acompañado en esa conquista. Había ido a la terminal del colectivo amado y todos los meses buscaba unos tickets rosados que yo les extendía a los choferes del 71, así hasta que terminé la secundaria.
Antes del 71 vino el 29. Mi mamá me dejaba en Libertador y me bajaba en Plaza de Mayo. O nos encontrábamos en Congreso de Tucumán y volvíamos a casa juntas. Un día aprendí el trayecto y quise hacerlo sola. Bah sola, no. Viajábamos con Euge en la B, con Erik y Cheva en la D, o a veces, es cierto, sola.
Ahora que les escribo desde otras latitudes, recuerdo el ímpetu de esa Vera a los trece años y me lo pongo bien adelante. Ella no podría creer que estamos acá otra vez, arriba del transporte público yendo a casa. Sólo que ahora casa se llama Can Serrat y el boleto estudiantil, T-usual de 5 zonas. Nos vinimos a escribir, a nuestro juego nos llamaron. Uso la primera persona del plural porque a) me gusta, me saca del yo; b) somos varixs artistas en la residencia y c) mi trabajo es sobre todas nosotras.
Vamos de a partes. Cuando les conté a mis seres queridos que había quedado seleccionada acá, me preguntaron qué era una residencia1. Algo así como vivir para crear. Algo así como ver los primeros 5 minutos de La ciénaga en la cocina de abajo a la noche tarde. Algo así como tomar notas en el Monbus y pasarlas a la compu. Algo así como juntar ciruelas del jardín y cocinar jugo y torta para todxs. Algo así como compartir un proceso particular en una atmósfera colectiva.
Estamos (con)viviendo en una casa ondulada, oblicua, onírica. Can en catalán significada “casa” o “casa de” y Serrat puede referirse al lugar donde estamos -cerca de Montserrat- o a un accidente geográfico, a las sierras, a bordes dentados. Para ir al pueblo, subimos una pequeña cuesta y caminamos al sol, apenas hay viento. Acá el aire se seca, agrieta los labios, pide agua. El primer día que llegué dormí siesta y fui corriendo a la piscina municipal, necesitaba poner las barbas en remojo.
Tere, una de mis compañeras escritoras, dice que estoy escribiendo en lugares inusuales. Ahora mismo desde el cuarto, pero antes el comienzo de este texto empezó en el bondi. Siento que mi escritura no para, es acuática. Voy conociendo su fuerza, la respeto y después freno. Entonces no me quedo en un lugar fijo, quizás porque estoy siempre a la pesca, en búsqueda de. Hace un rato en la cocina Agus mencionaba que cuando escribimos conectamos con la mente, que el pensamiento nos absorbe. Hay un acto compaginado entre pensar y escribir, seguro alguien escribió algo al respecto. Pero digo, esta relación mental específica, este lazo entre decir, pensar, escribir. La palabra como puesta en acción de la mente, algo así.
¿Qué venimos haciendo acá? Por el momento, conversamos, armamos planes, paseamos y sobre todo, damos lugar a la creación. Le destinamos tiempo y ganas a lo que nos gusta hacer. En mi caso, voy a la hora de la siesta a la biblioteca del pueblo a leer. Me recomendaron un libro maravilloso, les digo el nombre, quiero que lo amen también: La montaña viva de Nan Shepherd. Sentada ahí en mi lugar (sí, ya tengo mi lugar) descubrí a Gloria Fuertes, una gran poeta española. Me alivia saber que aún hay más mundo por conocer, me alivia seguir sintiéndome ignorante y alimentar mi curiosidad. Vuelvo a ser esa nena tirada en el piso de su cuarto leyendo cuentos de terror, capturada por las palabras.
Por ahora vengo escribiendo un poema de mi serie todas nosotras por día, no es algo premeditado, es propio de este contexto singular y lo agradezco. No tengo un proceso marcado, sólo llevo el cuaderno a todas partes. Trato de no anotar en el celular, aunque revisando Google Keep encontré una nota y decidí que formara parte de la colección. A veces cuando pienso en un método, en una forma de hacer las cosas, que quizás sea la forma de hacer mi vida, vuelvo a dos referencias imprescindibles. Primero, a Rosario Bléfari. Ella deja plasmada su perspectiva en Diarios de la dispersión (Mansalva, 2023), miren qué nivel de síntesis de la práctica artística2:
Me tiro en la cama y compruebo que no es necesario ningún esfuerzo, estoy adentro, lo que entrené y dispersé, me contiene. No quiero perder un segundo de flotación, miro, miro y miro y cierro los ojos también durante períodos cortos, para volver interesada a percibir cualquier vibración de color y forma. ¿Qué es lo que está pasando? Quiero más y más.
Mi segunda fuente a la que vuelvo es Walter Benjamin. O Wally, para lxs amigxs. Junto pedacitos, los separo, los reubico, armo constelaciones de fragmentos siempre con el corazón mirando a su obra. Esta vez nos dimos el placer de ir a recorrer Portbou, donde pasó sus últimos momentos, con mi amiga Maru. Gracias Wal por todo, gracias por tu escritura como experiencia andante, como pregunta abierta y “como centro vivo de reflexión” (esto lo decís en La obra de arte en la época de la reproducción técnica).
Bueno, antes de partir quiero acercar una invitación. Si de casualidad llegan a estar por Madrid o conocen a alguien allá, este domingo 12 de julio hacemos Inmensas Camelias en la librería Mandolina. Javier Rodríguez del Barrio, Patricia Iniesto, Dani Zárate y yo leeremos nuestros textos y si tienen ganas de compartir un poema, son más que bienvenidxs.
À plus tard, hasta la próxima, bis bald,
Vera.
PD importantísima: Además de venir a escribir, estoy visitando a mis amistades. Y no hay nada que me dé más felicidad que el bienestar de la gente amada. No tiene precio.
Aunque ahora me pregunto cómo percibirán la residencia lxs médicxs, ¿me cuentan? ¿Comparten el sentimiento?
Ese fragmento integra unas notas que Bléfari publicaba en La Agenda: https://laagenda.buenosaires.gob.ar/contenido/4598-la-confianza-se-entrena





Hermoso ver que vas a estar en Mandolina :) éxitos miles para vos+
El libro de Nan Shepherd es un camino de ida.
Hermoso texto.
Un abrazo!